Selección de Fotografías de la serie “Observatorio Urbano”, actualmente expuestas en Laboratorio Symbolon (Unquillo, Córdoba). Producidas en la ciudad de Córdoba, y en Barcelona, Valencia y Berlin; dentro de la Residencia “Puente Bcn-Cba” en Laboratorio Symbolon (Barcelona), que Manuel Pascual realizó en el año 2011.

 

En torno a la obra de Manuel Pascual

La fotografía comprende, desde su origen, conceptos relacionados a la memoria, a la luz portadora de información y a los procesos biológicos capaces de retener e integrar un gran cúmulo de signos y símbolos propios de nuestra relación con el entorno.

En esa relación de lo digital y lo analógico, y sus implicaciones en las posibles interpretaciones simbólicas de la realidad, la imagen arquetípica vuelta proto-imagen indiferenciada, estalló en mil fragmentos que luego serán reconstruidos mediante una fragua computacional.

Existe en su abordaje la idea de mapeo permeable, holodinámico, donde conviven simultáneamente la formalidad propia del arquetipo con una informalidad sutil, surgida de un alma sensible y naturalista.

Contemplación de una arquitextura y un paisaje objetuado mediante cierta densidad de capas-estratos, para ser prospectado “geo-biologicamente”, a la manera de un augur contemporáneo.

Aquí, la arquitectura asume el gesto generoso de divulgar todas sus verdades a través de la correcta interpretación de su forma, medidas, proporciones, valores y cualidades.

Hay muchos observatorios dentro de uno, varios acercamientos a una realidad que muta en cada paso, subjetivándose, al mismo tiempo, convirtiéndose en algo casi puro, perfecto, consagrado por pequeñas claves cotidianas y frutos de un humor cercano, de un amor por eso que se observa, que al final de cuentas termina siendo uno mismo.

Desde esa hiper-identificación regional, donde emerge la idiosincracia (palabra cuya raiz es griega y su significado es “mezcla propia”), aparece un compost interior que, al recibir luz, libera caminos de interpretación y nos invita a que, una vez conocido el mundo en nuestro pueblo, nos aventuremos a vernos reflejado en el-lo otro.

De esta manera, nos acerca a una práctica contemplativa donde, desde el encuadre, la separación, la previsión del protocolo, se sacraliza el tiempo y el espacio y se construye un templo para ése sí-mismo en su re-encuentro.

Allí “la naturaleza replegada sobre si misma se tranforma”.

Sebastián Sánchez Zelada.

 

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